Los Alcaldes Locales ¿escogidos o elegidos?
El 4 de Mayo, El Heraldo titula que según la ONG Protransparencia “El Distrito cometió errores en la elección de Alcaldes Locales” y esa misma semana nuestra Alcaldesa ofrece declaraciones al mismo periódico donde afirma que “Escogió a los mejores”; 2 posiciones opuestas. Las diferencias saltan a la vista, incluso por los términos usados, mientras la administración se refiere al tema como un asunto de “escogencia”, Protransparencia lo hace pensando en que esto fue (o al menos debería ser) un proceso de “elección”.
Para comprender la importancia de esta situación, debemos en primer lugar conocer qué es un Alcalde Local (en ocasiones denominado erróneamente por algunos Alcalde Menor) y por qué su labor durante estos 4 años será decisiva para el proceso de descentralización de nuestra ciudad. Pues bien, a  partir del decreto 1421 del año 1993 se buscaba que se convirtieran en los funcionarios con mayor inherencia a nivel local (Nader, 2009: 105) – los encargados de velar no solo por el bienestar de las respectivas localidades, sino las figuras idóneas para lograr avances significativos en una Barranquilla, al día de hoy aún muy centralizada- . Debemos tener claro que su carácter no es policivo únicamente (como en el caso de los corregidores) por el contrario, el Alcalde local no se debe limitar a dicha actividad.  
Es mucho lo que se ha dicho sobre este polémico tema en la actualidad, incluso las personas que aspiraron  y no lograron hacer parte de la terna, así mismo como las que hicieron parte de la terna pero que no fueron escogidas finalmente, han manifestado públicamente su descontento, ya que consideran que se ha violado el debido proceso y su derecho a la igualdad. Pero si estudiamos el Decreto 1421 de 1993 y las particularidades del “Régimen de las localidades del Distrito Capital de Bogotá” (el cual es el referente jurídico máximo y primario para este tema) nos encontramos con que los Alcaldes Locales son empleados de libre nombramiento y remoción del Alcalde Mayor – por lo tanto la Alcaldesa no se equivocaba, ella debía escoger y escogió, al igual como lo hizo en su momento con sus secretarios de despacho.
Pero si es así, nos surgen dos preguntas inmediatas, ¿Por qué hacer una prueba escrita de conocimiento? Y ¿Por qué hacer que los ediles conformen una terna de candidatos? Las respuestas obvias serían las siguientes: al primer interrogante – para depurar la lista de aspirantes; al segundo interrogante- para hacer de este un proceso colectivo en el que los ediles también participen, a pesar de que sea el Alcalde Mayor quien tenga la última palabra. Por esto último, no podemos denominar a este un proceso meritocrático (y no por que quienes finalmente ocupen estos cargos no tengan el mérito) pues es de una naturaleza distinta- es de libre nombramiento y remoción.
Aunque si nos remitimos a otro decreto, al 1350 de 2005, allí sí se utilizan las palabras “proceso meritocratico” lo cual dejaría espacio para la duda, pero misma duda queda saldada tras leer el texto; pues en ninguna parte del mismo se establece de forma explícita o implícita que existe algún tipo de obligación legal por parte de los Alcaldes Mayores de escoger según los puntajes obtenidos por los aspirantes en la prueba de conocimiento. 
Según lo anterior y  sin que esta columna se inmiscuya en otros temas  (las inhabilidades que presentan algunos de los hoy escogidos Alcaldes locales) – el error no es del todo de la Alcaldesa, sino de cómo se manejo el proceso y cómo muchos lo malinterpretamos en un principio (incluyéndome), pues tras haber analizado el tema, si algo queda claro, es que este NO es un proceso meritocrático. Es decir que las acusaciones, de quienes no lograron el cargo y estaban convencidos de estar más preparados que quienes sí, (para tristeza de algunos y alegrías de otros) simplemente no son válidas. 
Para concluir, valdría la pena que este proceso sea revisado y reestructurado, pues si las pruebas de conocimiento tienen como fin único depurar la lista… ¿Por qué hacer públicos los diferentes puntajes? Resultaría pertinente entonces, publicar quienes la aprobaron y quiénes no, así se evitaría que quienes obtuvieron los mayores puntajes sientan que se les están vulnerando sus derechos. Como la anterior, son varias las medidas que se podrían tomar para evitar suspicacias y descontentos en este proceso de escogencia. 
Nader, R. (2009). Las Juntas Administradoras Locales. Ediciones UniLibre. 
 @KathyDiartt

Los Alcaldes Locales ¿escogidos o elegidos?

El 4 de Mayo, El Heraldo titula que según la ONG Protransparencia “El Distrito cometió errores en la elección de Alcaldes Locales” y esa misma semana nuestra Alcaldesa ofrece declaraciones al mismo periódico donde afirma que “Escogió a los mejores”; 2 posiciones opuestas. Las diferencias saltan a la vista, incluso por los términos usados, mientras la administración se refiere al tema como un asunto de “escogencia”, Protransparencia lo hace pensando en que esto fue (o al menos debería ser) un proceso de “elección”.

Para comprender la importancia de esta situación, debemos en primer lugar conocer qué es un Alcalde Local (en ocasiones denominado erróneamente por algunos Alcalde Menor) y por qué su labor durante estos 4 años será decisiva para el proceso de descentralización de nuestra ciudad. Pues bien, a  partir del decreto 1421 del año 1993 se buscaba que se convirtieran en los funcionarios con mayor inherencia a nivel local (Nader, 2009: 105) – los encargados de velar no solo por el bienestar de las respectivas localidades, sino las figuras idóneas para lograr avances significativos en una Barranquilla, al día de hoy aún muy centralizada- . Debemos tener claro que su carácter no es policivo únicamente (como en el caso de los corregidores) por el contrario, el Alcalde local no se debe limitar a dicha actividad. 

Es mucho lo que se ha dicho sobre este polémico tema en la actualidad, incluso las personas que aspiraron  y no lograron hacer parte de la terna, así mismo como las que hicieron parte de la terna pero que no fueron escogidas finalmente, han manifestado públicamente su descontento, ya que consideran que se ha violado el debido proceso y su derecho a la igualdad. Pero si estudiamos el Decreto 1421 de 1993 y las particularidades del “Régimen de las localidades del Distrito Capital de Bogotá” (el cual es el referente jurídico máximo y primario para este tema) nos encontramos con que los Alcaldes Locales son empleados de libre nombramiento y remoción del Alcalde Mayor – por lo tanto la Alcaldesa no se equivocaba, ella debía escoger y escogió, al igual como lo hizo en su momento con sus secretarios de despacho.

Pero si es así, nos surgen dos preguntas inmediatas, ¿Por qué hacer una prueba escrita de conocimiento? Y ¿Por qué hacer que los ediles conformen una terna de candidatos? Las respuestas obvias serían las siguientes: al primer interrogante – para depurar la lista de aspirantes; al segundo interrogante- para hacer de este un proceso colectivo en el que los ediles también participen, a pesar de que sea el Alcalde Mayor quien tenga la última palabra. Por esto último, no podemos denominar a este un proceso meritocrático (y no por que quienes finalmente ocupen estos cargos no tengan el mérito) pues es de una naturaleza distinta- es de libre nombramiento y remoción.

Aunque si nos remitimos a otro decreto, al 1350 de 2005, allí sí se utilizan las palabras “proceso meritocratico” lo cual dejaría espacio para la duda, pero misma duda queda saldada tras leer el texto; pues en ninguna parte del mismo se establece de forma explícita o implícita que existe algún tipo de obligación legal por parte de los Alcaldes Mayores de escoger según los puntajes obtenidos por los aspirantes en la prueba de conocimiento.

Según lo anterior y  sin que esta columna se inmiscuya en otros temas  (las inhabilidades que presentan algunos de los hoy escogidos Alcaldes locales) – el error no es del todo de la Alcaldesa, sino de cómo se manejo el proceso y cómo muchos lo malinterpretamos en un principio (incluyéndome), pues tras haber analizado el tema, si algo queda claro, es que este NO es un proceso meritocrático. Es decir que las acusaciones, de quienes no lograron el cargo y estaban convencidos de estar más preparados que quienes sí, (para tristeza de algunos y alegrías de otros) simplemente no son válidas.

Para concluir, valdría la pena que este proceso sea revisado y reestructurado, pues si las pruebas de conocimiento tienen como fin único depurar la lista… ¿Por qué hacer públicos los diferentes puntajes? Resultaría pertinente entonces, publicar quienes la aprobaron y quiénes no, así se evitaría que quienes obtuvieron los mayores puntajes sientan que se les están vulnerando sus derechos. Como la anterior, son varias las medidas que se podrían tomar para evitar suspicacias y descontentos en este proceso de escogencia.

Nader, R. (2009). Las Juntas Administradoras Locales. Ediciones UniLibre. 

 @KathyDiartt

Sobre el mal uso y el abuso del término “Política pública” en el entorno local
 
“Al haber participado en la “primera ola” de la enseñanza
de políticas públicas y procurar seguir sus avances,
algunas tendencias me causan crecientes sentimientos de
aprensión e incomodidad.”
YehezkelDror
 
El titulo de esta segunda entrada posiblemente suene pretencioso, lo es y no lo es al mismo tiempo. ¿A qué me refiero? En primera instancia vale la pena aclarar que estoy convencida de no ser la persona idónea para definir con precisión el significado de un concepto tan esquivo (y por momentos confuso); es decir, este escrito no tiene como objetivo responder a la pregunta ¿Qué es una Política Pública?, pero no puedo negar que tras observar la forma y sentido como el término es usado indiscriminadamente por diferentes actores del escenario político local, sí considero estar en la capacidad de señalar, lo qué no es una política pública.
La confusión a la hora de utilizar e interpretar el término de hecho es común en diferentes países, en especial, los que están en vía de desarrollo y los que no son angloparlantes. ¿Por qué? Pues bien, en primer lugar resulta complicado adaptar y aplicar el concepto en entornos sin democracia efectiva o real, así mismo resulta imposible hacerlo, en espacios donde no exista sintonía entre Estado y sociedad. (Pineda, 2007: 25-4) Con  respecto al tema lingüístico cuando nos referimos a “Public Policy”, nunca está de más aclarar las diferencias (que aunque parezcan obvias y evidentes, no lo son) entre las expresiones inglesas politics, polity y policy. Cuando se hace referencia a “politics” hablamos de la competencia política, especialmente la electoral partidista en búsqueda del poder, en cambio “polity” hace alusión a la estructura y organización política, mientras que el vocablo “policy” significa directriz o curso definido de acción (Salazar, 2009: 32).
Ya el profesor YehezkelDror (uno de los estudiosos del tema con mayor reconocimiento a nivel mundial), hace varios años escribía que a pesar de estar sorprendido y agradado con los rápidos avances del concepto y de cómo este había logrado superar inconvenientes y trabas iniciales, se estaba volviendo absolutamente necesario dejar de excusar sus deficiencias (Dror: 239). Incluso comentaba que en el campo de la política pública no nos podemos dejar “fascinar por espejismos”. 
Debemos tener claro que un programa de la administración distrital o departamental por sí mismo no es una política pública, una política de gobierno no es una política pública (aunque se pueda llegar a convertir en una), como tampoco lo son un conjunto de propuestas desarticuladas.                                                         
Lo cierto es que se ha vuelto común leer en la prensa el término, escucharlo por la radio u observar a nuestros gobernantes indiscriminadamente hacer alusión a él en sus intervenciones. Es por ello que es urgente que el ciudadano también sienta curiosidad por el tema, que no asuma que cada vez que escucha o lee las palabras “Política pública” efectivamente se están refiriendo a un proceso general, con clarificación de metas, definición de la situación problemática y determinación de los medios óptimos para efectuar una respuesta estatal decidida (Salazar, 2009: 45) inscrita a su vez, en un marco general de acción previamente concebido (Salazar, 2009: 47 basado en Yves & Thoening).
Así como interpretar, adaptar y comprender el concepto es una tarea interminable, igualmente nuestra necesidad de “no tragar entero”, no puede terminar en el titular de una noticia, en la voz de un locutor o en las palabras que con seguridad y confianza algún actor político local pronuncia.
 
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
Drod, Y. (___). Deficiencia En La Enseñanza De Políticas Públicas. Jurídicas UNAM, MX. Disponible en: www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/rap/cont/52/pr/pr13.pdf consultado el 17 de Marzo de 2012.  
Pineda, N. (2007). El concepto de políticas públicas: alcances y limitaciones. Seminario de Políticas Públicas. Instituto Tecnológico Autónomo de México, disponible en: http://portalescolson.com/boletines/204/politicas%20publicas.pdf consultado el 18 de Marzo de 2012. 
Salazar, C. (2009). Políticas Públicas y Think Tanks. Konrad Adenauer stiftung. 
   @KathyDiartt

Sobre el mal uso y el abuso del término “Política pública” en el entorno local

 

“Al haber participado en la “primera ola” de la enseñanza

de políticas públicas y procurar seguir sus avances,

algunas tendencias me causan crecientes sentimientos de

aprensión e incomodidad.

YehezkelDror

 

El titulo de esta segunda entrada posiblemente suene pretencioso, lo es y no lo es al mismo tiempo. ¿A qué me refiero? En primera instancia vale la pena aclarar que estoy convencida de no ser la persona idónea para definir con precisión el significado de un concepto tan esquivo (y por momentos confuso); es decir, este escrito no tiene como objetivo responder a la pregunta ¿Qué es una Política Pública?, pero no puedo negar que tras observar la forma y sentido como el término es usado indiscriminadamente por diferentes actores del escenario político local, sí considero estar en la capacidad de señalar, lo qué no es una política pública.

La confusión a la hora de utilizar e interpretar el término de hecho es común en diferentes países, en especial, los que están en vía de desarrollo y los que no son angloparlantes. ¿Por qué? Pues bien, en primer lugar resulta complicado adaptar y aplicar el concepto en entornos sin democracia efectiva o real, así mismo resulta imposible hacerlo, en espacios donde no exista sintonía entre Estado y sociedad. (Pineda, 2007: 25-4) Con  respecto al tema lingüístico cuando nos referimos a “Public Policy”, nunca está de más aclarar las diferencias (que aunque parezcan obvias y evidentes, no lo son) entre las expresiones inglesas politics, polity y policy. Cuando se hace referencia a “politics” hablamos de la competencia política, especialmente la electoral partidista en búsqueda del poder, en cambio “polity” hace alusión a la estructura y organización política, mientras que el vocablo “policy” significa directriz o curso definido de acción (Salazar, 2009: 32).

Ya el profesor YehezkelDror (uno de los estudiosos del tema con mayor reconocimiento a nivel mundial), hace varios años escribía que a pesar de estar sorprendido y agradado con los rápidos avances del concepto y de cómo este había logrado superar inconvenientes y trabas iniciales, se estaba volviendo absolutamente necesario dejar de excusar sus deficiencias (Dror: 239). Incluso comentaba que en el campo de la política pública no nos podemos dejar “fascinar por espejismos”.

Debemos tener claro que un programa de la administración distrital o departamental por sí mismo no es una política pública, una política de gobierno no es una política pública (aunque se pueda llegar a convertir en una), como tampoco lo son un conjunto de propuestas desarticuladas.                                                         

Lo cierto es que se ha vuelto común leer en la prensa el término, escucharlo por la radio u observar a nuestros gobernantes indiscriminadamente hacer alusión a él en sus intervenciones. Es por ello que es urgente que el ciudadano también sienta curiosidad por el tema, que no asuma que cada vez que escucha o lee las palabras “Política pública” efectivamente se están refiriendo a un proceso general, con clarificación de metas, definición de la situación problemática y determinación de los medios óptimos para efectuar una respuesta estatal decidida (Salazar, 2009: 45) inscrita a su vez, en un marco general de acción previamente concebido (Salazar, 2009: 47 basado en Yves & Thoening).

Así como interpretar, adaptar y comprender el concepto es una tarea interminable, igualmente nuestra necesidad de “no tragar entero”, no puede terminar en el titular de una noticia, en la voz de un locutor o en las palabras que con seguridad y confianza algún actor político local pronuncia.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Drod, Y. (___). Deficiencia En La Enseñanza De Políticas Públicas. Jurídicas UNAM, MX. Disponible en: www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/rap/cont/52/pr/pr13.pdf consultado el 17 de Marzo de 2012.  

Pineda, N. (2007). El concepto de políticas públicas: alcances y limitaciones. Seminario de Políticas Públicas. Instituto Tecnológico Autónomo de México, disponible en: http://portalescolson.com/boletines/204/politicas%20publicas.pdf consultado el 18 de Marzo de 2012.

Salazar, C. (2009). Políticas Públicas y Think Tanks. Konrad Adenauer stiftung. 

   @KathyDiartt

Mujeres y jóvenes en la política local
“El desencanto actual con la política  y con el funcionamiento de la democracia, sus instituciones y actores, tal y como hoy actúan, podría fortalecer la preferencia por los liderazgos femeninos”
Anna M. Fernandez P.
A pesar de que aún queda un largo camino por recorrer, me atrevería a afirmar que, el acceso de la mujer a la política es cada vez menos complicado con el pasar de los años. Hoy en día, es mayor la facilidad que tenemos las mujeres para hacer parte del sector público, no se trata de dar una especie de agradecimiento por un espacio que por derecho nos corresponde, pero sí debemos reconocer que  nuestro  aumento en la participación de la actividad política representa (al menos simbólicamente) un paso importante. 
A nivel global, un par de años atrás, la mujer ocupaba el 17,7% de los cargos legislativos, el 16.1% de los cargos en el Ejecutivo, 4.7% de los Jefes de Estado eran mujeres, al igual que un 4.2% de los Jefes de Gobiernos (Fernández Poncela, PAG, 2008). En el ámbito local,  podemos notar que tanto en el gabinete de nuestro gobernador José Antonio Segebre, como en el  liderado por nuestra alcaldesa Elsa Noguera, son varias las integrantes mujeres que hacen parte de dichos equipos de trabajo.
 Lo cierto es que cada vez somos más, no solo las mujeres jóvenes que nos animamos a prepararnos y participar en política, sino que empezamos a observar, como van en aumento los nombres femeninos que obtienen cargos públicos de gran importancia. Barranquilla y el Atlántico, no son excepciones de esta tendencia, por el contrario, nos hemos convertido en uno de los mejores ejemplos a seguir a nivel nacional.
Lo anterior no solo por el alto apoyo electoral que obtuvo la candidatura de nuestra actual alcaldesa, sino también por la gran cantidad de mujeres que hoy integran su gabinete. En el caso del equipo del gobernador Segebre se vive una realidad similar. Nombres como el de Karen Abudinen (quien conocemos por su ardua labor con la Fundación NU3, encargada de la alimentación adecuada de niños de escasos recursos) y el de Stybaliz Castellanos (incansable líder del programa de voluntariado social – UNIVOLUNTARIOS de la Universidad Del Norte)  destacan en el gabinete distrital y departamental respectivamente. Resalto estos dos nombres por dos razones: primero, su calidad de mujeres y segundo, porque son jóvenes. Sí, mujeres jóvenes, que no desde que asumieron sus cargos sino desde hace ya varios años, vienen preparándose y trabajando por el bienestar de nuestra gente.
Solo el día que no llame nuestra atención la cantidad de mujeres o los puestos que estas ocupan en el sector público, el tema de género habrá sido superado.   Por ello, a pesar de reconocer los avances tanto en el Distrito como en el resto de nuestro Departamento, sería preciso iniciar una reflexión sobre los cargos en los que fueron nombradas, la importancia no solo radica en que sean cada vez más las pertenecientes a los gabinetes, sino en los cargos y objetivos que se les confían. Y tampoco nos equivoquemos, no basta solo con ser mujer (son varios los ejemplos de cómo rellenar cargos para cumplir una cuota de género no es la solución), la  preparación y la disposición a trabajar sin descanso por nuestra gente, también deben ser condiciones no negociables. 
Este escrito más que una simple publicación es, ante todo, una invitación para jóvenes y mujeres, con el propósito de que cada vez se interesen más por los temas de nuestra ciudad y de nuestro Departamento. Y que, al igual que los dos ejemplos mencionados anteriormente, trabajemos desde ya por generar un impacto positivo en nuestra sociedad. Así mismo, el debate acerca de si con la llegada de cada vez más mujeres al poder el escenario político sufrirá realmente un cambio o por el contrario seremos nosotras las que nos adaptemos a un escenario mayoritaria y tradicionalmente ocupado por los hombres, queda abierto para la discusión. 

    @KathyDiartt
Fernández Poncela. A. M., (noviembre-diciembre 2008), Las mujeres en la política latinoamericana Nuevos liderazgos, viejos obstáculos, revista Nueva Sociedad No. 218, URL: http://www.nuso.org/upload/articulos/3571_1.pdf

Mujeres y jóvenes en la política local

“El desencanto actual con la política  y con el funcionamiento de la democracia, sus instituciones y actores, tal y como hoy actúan, podría fortalecer la preferencia por los liderazgos femeninos”

Anna M. Fernandez P.

A pesar de que aún queda un largo camino por recorrer, me atrevería a afirmar que, el acceso de la mujer a la política es cada vez menos complicado con el pasar de los años. Hoy en día, es mayor la facilidad que tenemos las mujeres para hacer parte del sector público, no se trata de dar una especie de agradecimiento por un espacio que por derecho nos corresponde, pero sí debemos reconocer que  nuestro  aumento en la participación de la actividad política representa (al menos simbólicamente) un paso importante.

A nivel global, un par de años atrás, la mujer ocupaba el 17,7% de los cargos legislativos, el 16.1% de los cargos en el Ejecutivo, 4.7% de los Jefes de Estado eran mujeres, al igual que un 4.2% de los Jefes de Gobiernos (Fernández Poncela, PAG, 2008). En el ámbito local,  podemos notar que tanto en el gabinete de nuestro gobernador José Antonio Segebre, como en el  liderado por nuestra alcaldesa Elsa Noguera, son varias las integrantes mujeres que hacen parte de dichos equipos de trabajo.

 Lo cierto es que cada vez somos más, no solo las mujeres jóvenes que nos animamos a prepararnos y participar en política, sino que empezamos a observar, como van en aumento los nombres femeninos que obtienen cargos públicos de gran importancia. Barranquilla y el Atlántico, no son excepciones de esta tendencia, por el contrario, nos hemos convertido en uno de los mejores ejemplos a seguir a nivel nacional.

Lo anterior no solo por el alto apoyo electoral que obtuvo la candidatura de nuestra actual alcaldesa, sino también por la gran cantidad de mujeres que hoy integran su gabinete. En el caso del equipo del gobernador Segebre se vive una realidad similar. Nombres como el de Karen Abudinen (quien conocemos por su ardua labor con la Fundación NU3, encargada de la alimentación adecuada de niños de escasos recursos) y el de Stybaliz Castellanos (incansable líder del programa de voluntariado social – UNIVOLUNTARIOS de la Universidad Del Norte)  destacan en el gabinete distrital y departamental respectivamente. Resalto estos dos nombres por dos razones: primero, su calidad de mujeres y segundo, porque son jóvenes. Sí, mujeres jóvenes, que no desde que asumieron sus cargos sino desde hace ya varios años, vienen preparándose y trabajando por el bienestar de nuestra gente.

Solo el día que no llame nuestra atención la cantidad de mujeres o los puestos que estas ocupan en el sector público, el tema de género habrá sido superado.   Por ello, a pesar de reconocer los avances tanto en el Distrito como en el resto de nuestro Departamento, sería preciso iniciar una reflexión sobre los cargos en los que fueron nombradas, la importancia no solo radica en que sean cada vez más las pertenecientes a los gabinetes, sino en los cargos y objetivos que se les confían. Y tampoco nos equivoquemos, no basta solo con ser mujer (son varios los ejemplos de cómo rellenar cargos para cumplir una cuota de género no es la solución), la  preparación y la disposición a trabajar sin descanso por nuestra gente, también deben ser condiciones no negociables.

Este escrito más que una simple publicación es, ante todo, una invitación para jóvenes y mujeres, con el propósito de que cada vez se interesen más por los temas de nuestra ciudad y de nuestro Departamento. Y que, al igual que los dos ejemplos mencionados anteriormente, trabajemos desde ya por generar un impacto positivo en nuestra sociedad. Así mismo, el debate acerca de si con la llegada de cada vez más mujeres al poder el escenario político sufrirá realmente un cambio o por el contrario seremos nosotras las que nos adaptemos a un escenario mayoritaria y tradicionalmente ocupado por los hombres, queda abierto para la discusión.


    @KathyDiartt

Fernández Poncela. A. M., (noviembre-diciembre 2008), Las mujeres en la política latinoamericana Nuevos liderazgos, viejos obstáculos, revista Nueva Sociedad No. 218, URL: http://www.nuso.org/upload/articulos/3571_1.pdf

Segui @KathyDiartt